Mundo de OZ

Ya he hablado de Cuentecicos, de los cuentos con los que crecimos, de los cuentos de toda la vida de Andersen y los hermanos Grimm. Pero en 1900 L. Frank Baum revolucionó el concepto (si tal cosa se pudiera hacer en el mundo de los cuentos). Como introducción a su nueva y redonda novela El Mago de Oz escribió que ya había pasado el tiempo de esos cuentos con “acontecimientos terribles, estereotipos y moralejas temibles y espantosas”, que “la educación moderna incluía la formación moral y que por lo tanto el niño actual sólo buscaba entretenimiento en cuentos maravillosos”. Frank también dijo que su libro sólo aspiraba a “ser un cuento de hadas modernizado, en el que se mantendría la alegría y la fantasía y se suprimirían las penas y las pesadillas”. Y con este pensamiento escribió el cuento más azucarado, feliz y maravilloso que había existido. También fue el primer cuento cuyo imaginario estaba basado en EEUU, su ambiente y sus gentes, pretendiendo llegar y hacer felices a todos los niños de su país. Y vaya si lo consiguió. Llegó a publicar 13 volúmenes más de la misma historia y  aún este año, más de 100 años después, se ha vuelto a hacer una adaptación cinematográfica en el país de Oz.

Pero en nuestra época en que la cultura audiovisual por suerte o por desgracia es más de masas que la literaria, la culpa de que se sigan haciendo adaptaciones basadas en Oz es de la película de 1939 (Victor Fleming) protagonizada por Judy Garland. En ella se transmite ese sentimiento de felicidad absoluta a través de los sentimentales, alegres e inocentes personajes y del colorido exagerado del mundo, acentuado por ese principio en la triste Kansas en colores sepia. Estado, que a pesar de su poco color y alegría, era la casa de Dorothy Gale y de tantos otros niños de la época, y por tanto lo más importante era volver a ella, aun pudiendo vivir en el fantástico mundo de Oz. Porque ya saben: “there’s no place like home”. La película, además, es un musical, que eso siempre es un plus de felicidad absoluta.

Todo el universo de Oz está perfectamente bien adaptado, principalmente por los colores y la felicidad que rezuma que ya he comentado. Una pequeña curiosidad de la adaptación son los icónicos zapatos de rubí. Esos zapatos que Dorothy necesita sin saberlo para volver a casa, en el libro eran de color plata. Pero para el colorido saturado de la película los cambiaron a rojo rubí y son uno de los objetos más reconocidos y reconocibles de la historia del cine hasta llegar a las múltiples subastas que se han hecho de los cuatro pares usados en la película.

A pesar de su éxito y de ser la película infantil con la que generaciones y generaciones de niños han crecido, sólo ha tenido dos secuelas, y no muy acertadas. La primera apareció bastantes años después Regreso al maravilloso mundo de Oz (Hal Sutherland, 1974), de animación y con Liza Minnelli poniendo la voz a Dorothy (por hacer el guiño del mismo papel que interpretó por primera vez su madre); y la segunda fue una secuela algo más pensada, lanzada por Disney en 1985 (Walter Murch): Oz, un mundo fantástico, que recibió duras críticas por ser más infantil que la primera teniendo casi 40 años de diferencia hacia la “modernidad”.

Debido al carácter musical de la primera adaptación con éxito, otras adaptaciones posteriores han ido por ese camino. En 1975 apareció un musical en Broadway llamado The Wizz con actores afroamericanos pues la historia empezaba en Harlem, con una chica que perdía a su perrito. Fue adaptado a la pantalla por Sidney Lumet en 1978 con Diana Ross como protagonista y (atención atención) Michael Jackson haciendo del espantapájaros. No tuvo mucho éxito de taquilla,  aunque la BSO arrasó. Recientemente ha habido un segundo, con gran éxito de crítica y público: Wicked. En 1995 Gregory Macguire escribió Wicked: Memorias de una bruja mala, un libro para adultos en el que se contaba la vida de Elphaba, la malvada bruja del oeste, cómo llegó a serlo y su relación con Glinda, la bruja buena del norte, mucho antes de que Dorothy llegase a Oz. Stephen Schwartz y Winnie Holzman lo adaptaron al musical en 2003 con Idina Menzel como Elphaba y Kristin Chenoweth como Glinda. La producción ganó tres Premios Tony y el álbum grabado de estudio un Premio Grammy.

En el terreno de las series no ha habido grandes cosas. Series animadas, anime japonés y una miniserie con una visión original del universo de 2007 llamada Tin Man y protagonizada por Zooey Deschanel y Alan Cumming. Aunque no haya habido grandes series adaptadas sí ha habido muchas series conocidas que han hecho su “capítulo especial” afianzando así El Mago de Oz como historia grabada en el imaginario colectivo. Los Simpsons, Futurama, South Park, Phineas y Pherb… También hay referencias al “we are not in Kansas anymore” en Tha Matrix, Avatar, Sexo en Nueva York 2… Y cómo no, mi referencia preferida, Corazón Salvaje (Lynch, 1990). La protagonista lleva zapatos rojos, la película es un viaje de huida hacia una vida mejor, apareciendo al final Glinda, en una burbuja bajando del cielo. Genialidad.

Y por último, este año se ha estrenado Oz, un mundo de fantasía (Sam Raimi, 2013). Esta película cuenta la historia de cómo el Mago de Oz (James Franco) llega a serlo cuando realmente es un farsante, cosa que ya aparece en la novela, pero no en la película del 39. Esta película recoge el espíritu de la original,  empezando  en blanco y negro y llegando, a través del famoso tornado, al mundo colorido e inocente de Oz.

Oz es un mundo maravilloso que todos los niños y adultos deberían conocer, sea en el formato que sea, en la adaptación que sea. Avisados quedáis. 

Aida

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