Cuentecicos

Todo lo que tiene relación con los niños mola. La infancia es la época más bonita que vas a vivir aunque en su momento no lo sepas. Tu mirada era inocente, te formaste como persona y fuiste lo más libre que serás en tu vida; y esto lo compartes con todo el mundo, sea de dónde o cuándo sea (aunque muchos, como ya decía el Principito, lo hayan olvidado). Todos hemos sido niños, hemos jugado sin preocupaciones y nos han contado cuentos.

Los cuentos de hadas se han transmitido oralmente desde tiempos inmemoriales hasta que a finales del s. XVII un señor francés llamado Perrault (1628-1703) los recogió quitándoles cierta crueldad. La narradora de todos estos cuentos era Mamá Oca, la arquetípica señora de campo, abuelita para más señas, que contaba los cuentos al lado de la hoguera en noches de insomnio o tormenta. Prácticamente un siglo más tarde en Alemania los hermanos Grimm (1785/6-1863/59) se dedicaron a hacer lo mismo: recoger las mismas historias de la tradición oral, aniñarlas aún más y hacer felices a muchos niños.

Ambos recogieron los mismos cuentos que ahora viven en nuestro imaginario, los cuáles han sido adaptados de diferentes formas y en diferentes épocas. Como todos sabemos, lo más importante ha salido de la factoría Disney. Se podría decir que Disney ha sido nuestra Mamá Oca, ha sido la voz de la que hemos recibido las fábulas, cuentos, aventuras, castillos y princesas donde quisimos quedarnos a vivir para siempre. Disney nos ha enseñado lo que estaba bien y lo que estaba mal, hasta el punto de recibir serias críticas al respecto, como el libro Para leer al Pato Donald (1972) de Ariel Dorfman y Armand Matteland que analiza desde un punto de vista marxista las historietas de la factoría y la acusa de reflejar sólo la ideología dominante y ser conscientes de su mantenimiento y difusión a través de los niños. Pero no hablemos de crítica, hablemos de cosas bonitas. El primer largo de Disney fue Blancanieves y los siete enanitos (1937), que consiguió que una de sus escenas fuese inspiración para el pionero Orson Welles.  La entrada a la icónica Xanadú de Ciudadan Kane (1941) fue la entrada, cuatro años antes, a la exuberante mansión de la madrastra. Desde entonces Blancanieves no ha tenido representación a destacar hasta el año 2012, cuando se estrenó no una, si no tres películas basadas en el cuento. Una primera super kitsch e inocente con Julia Roberts y Lilly Collins. Una segunda basada en la acción y la aventura: Blancanieves y la leyenda del cazador (2012) de Rupert Snaders. Kristen Stewart daba vida a Blancanieves y sintiéndolo mucho es más fea que Charlize Theron que hacía de madrastra por lo que el famoso “Espejito espejito ¿quién es la más guapa?” perdía un poco su sentido. Y por último una maravilla de la naturaleza dirigida por Pablo Berger. Una película muda, en blanco y negro, adaptación española con toda la simbología de la España más profunda y castiza, y con Maribel Verdú haciendo el papel de su vida, por cierto.

De Blancanieves pasamos al mundo de las princesas Disney, los zapatos de cristal y los vestidos de gasas. La bella durmiente se ha tratado como la princesa Disney por antonomasia, con el príncipe azul más perfecto que podría existir. Pero en mi opinión era un rollo, se pasaba toda la película durmiendo y ya está. De pequeña siempre me sentí más identificada con la Cenicienta como princesa Disney. Porque además de tener también su príncipe azul y sus gasas, era la historia de la esperanza y la superación personal (conceptos que evidentemente de pequeña no entendía pero que poco a poco se iban metiendo en nuestra cabeza). Y luego estaban esos ratoncitos tan monos y el hada madrina: demasiadas cosas guays en una misma historia. En 1998 conocimos Por siempre jamás (1998) de Andy Tennant, una adaptación con Drew Barrymore, barroquismo y atención atención: Leonardo Da Vinci como el hada madrina. No se puede pedir más. Disney con su canal Disney Channel se ha acercado más a preadolescentes que a niños y ha adaptado este cuento para este target. Realizó Una cenicienta moderna (2004) de Mark Rosman con Hilary Duff cuando Lizzie McGuire era lo que se veía. Y fueron lo suficientemente listos para rodar la segunda parte con Selena Gómez cuando ésta lo petaba con Los magos de Waverly Place.  Disney hace las cosas así de bien, qué le vamos a hacer, llevan mucho tiempo en esto. De hecho, esta última semana ha saltado la noticia de que están preparando una nueva adaptación del cuento en carne y hueso con Lily James y dirigida por Kenneth Branagh. Con esto podemos decir que será una adaptación seria, bien, como de sumarse al carro de cuentos que llenan en los últimos tiempos nuestras pantallas.

Una de las historias que Disney no ha adaptado y que a mí más me gustan es Caperucita Roja. Al no tener el empujón como cuento Disney, Caperucita ha tenido una serie de adaptaciones no muy exitosas a lo largo de la historia. Sí que han existido readaptaciones del cuento a otra cosa o historia con el fondo de la famosa fábula. Esto quizás es porque el cuento no tiene tanto que sacar, pero la moraleja sí. El “no te vaya con extraños que son peligrosos” es una de las primeras cosas que nos dicen de niños y este cuento lo explica de una forma interesante y algo cruel. Una de las más parecidas al cuento es En compañía de lobos (1984) de Neil Jordan, película formada por capas, donde la primera es una chica soñando. Esto hace que a partir de la segunda capa todo pase dentro de un sueño y por lo tanto pueda pasar cualquier cosa, como en las fábulas, vaya. Es bastante imprescindible, pero no es de niños. Cero de niños. De 2005 es La increíble pero cierta historia de Caperucita Roja (2005) de Cory Edwards, una locura con los mismos  personajes y una historia algo cambiada. Otras reminiscencias del famoso cuento serían el libro de Carmen Martín Gaite ‘Una Caperucita en Manhattan’ que lleva la historia a la época actual en Nueva York y Hard Candy (2005) de David Slade, una cruel historia que en su fondo le da la vuelta a la historia de Caperucita, siendo ella la heroína. Ellen Page viste toda la película una sudadera con capucha roja.

Aparte de cada uno de los cuentecitos por separado, se han hecho también adaptaciones de varios cuentos juntos y convivencia de varios personajes. En 2002 se estrenó Lilo & Stich de Dean DeBlois y Chris Sanders donde convivían personajes Disney (casi todo provenientes de estos cuentos), pero la mezcla más exitosa por su target no sólo infantil fue Shreck (2001) de Andrew Adamson y Vicky Jenson. Ese ogro verde que nos hizo reírnos de todos y cada uno de los cuentos y sus tradiciones. Shreck tuvo tanto éxito que ya hay cuatro películas, un especial de navidad y un spin off del gato con botas. No siendo tan corrosivo y más centrado en chicas que aún sueñan con el príncipe azul, Amy Adams nos regaló Encantada (2007) de Kevin Lima, con Susan Sarandon siendo la mala del cuento. Bastante más acertada que Anne Hathaway en Hechizada (2005) de Tommy O’Haver. El año pasado ABC estrenó Érase una vez y nos volvió hablar

de estos mismos personajes pero viviendo en la actualidad en un pueblecito bajo un hechizo. La adaptación está bien conseguida pero se hace algo aburrida. Con el mismo espíritu y sin un ápice de aburrimiento, el cómic Fábulas (2003), de Bill Willingham.

Los personajes humanos de los cuentos viven en un apartamento en Nueva York mientras que los de aspecto animal viven en una granja y todo está contado de una forma muy adulta.

En la actualidad y desde ‘Blancanieves y la leyenda del cazador’ se han puesto muy de moda los cuentos adaptados a un universo de acción y cuerpos musculados. Blockbusters que apelan a tu infancia de una forma simplista y burda. Así, en los últimos años hemos tenido Caperucita Roja ¿a quién tienes miedo?, Hansel y Gretel: Cazadores de brujas, Jack el cazagigantes…y la larga lista que nos queda por ver.

Pero sean del tipo que sean, estas adaptaciones buscan esa magia que cada niño tiene en su cabeza, todos esos sueños con mundos encantados que poblaron nuestra infancia. Y eso son cosas que no se deberían de perder. Así que señores, sigan soñando.

Aida

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