El principio del final

Aquel ser inerte que habitaba el cubículo húmedo empezaba a tener consciencia. Sus movimientos aún resultaban espasmódicos siguiendo algún tipo de impulso eléctrico, lo que explicaba la fuerza con la que su hábitat, elástico y tibio, llegaba a deformarse con cada golpe para volver a su estado original y aprisionarlo, a la par que el mismo medio emitía un quejido, o al menos eso es lo que parecía. Sus sentidos no estaban totalmente desarrollados, pero las primeras impresiones comenzaban a llegar directamente a su cerebro. Podía oír, pero no escuchar; recibía sensaciones en su piel, pero no tenía capacidad para interpretarlas. Tan sólo se encontraba cómodo, y si hubiera tenido suficiencia para discernir entre algún tipo de sentimiento, seguro que también se habría sentido feliz; todavía no podía salir al exterior aunque quisiera, porque lo que le aguardaba fuera, sin tener la más remota idea, era demasiado peligroso y su instinto se lo advertía…

No resultaba extraño suponer que no era el único en su especie pero el hermetismo al que estaba sometido impedía espacio para nada más. El tiempo pasaba, sin que él fuera consciente o tuviera algún tipo de recurso para medirlo y con él, el desarrollo de sus capacidades motrices, su capacidad auditiva y su capacidad de imaginar, al igual que un ciego de nacimiento imagina cómo serían físicamente las personas de las que no percibe más que sus voces. Este ser también percibía voces lejanas; en ocasiones conjuntos de sonidos que deducía agradables durante algunos momentos en los que su habitación parecía dejar de tener vida y, de forma muy constante, el ruido del motor que lo mantenía todo en vigencia. El automatismo de su sistema empezó a desaparecer llevándose consigo el adhesivo que unía ciertas zonas de su extraña materia dando lugar a la recepción de nuevos placeres: primero el de recibir en uno de esos orificios los sabores amargos, los ácidos, los avinagrados, los agrios; también los azucarados y rasos. De vez en cuando distinguía como su materia se endurecía o temblaba y otras tantas la notaba relajada y distendida: empezó a ser consciente de la temperatura.

La puerta al exterior estaba totalmente cerrada. A veces notaba cómo algo entraba a lo que parecía un compartimento anterior a su estancia, sin que traspasara la frontera más allá. La vida en aquel lugar era lúgubre y solitaria pero él no conocía la compañía y la sustancia que rellenaba los huecos existentes obligaba a su piel a mantenerse untuosa y arrugada. De alguna manera estaba conectado con el medio, porque aunque no podía ver, ya había empezado a moverse voluntariamente y advertía como de su cuerpo salía un tubo que llegaba hasta una masa ligeramente más viscosa que el resto y empezó a pensar que eso era lo que lo había despertado del letargo más absoluto; el de no existir.

Un día, tras un largo periodo de vibraciones que lo estresaron intensamente, captó cómo algo del exterior empezaba a hendirse en su madriguera. Al principio lo percibió con curiosidad ya que el tacto de ese cuerpo no era ni de lejos como lo había imaginado, pero a medida que se iba adentrando en su cuerpo, éste reaccionó con vida propia, agitándose y retorciéndose y al experimentar esa sensación tan lacerante, las últimas hendiduras de su materia se abrieron para dar paso a la aceptación de otras sensaciones hasta entonces desconocidas: la luz, desagradable en todo su estado, el color, capricho de su deleite a pesar de no distinguir más de uno, o como mucho dos.

Ahora era capaz de entender que los ruidos que le llegaban debían pertenecer a un mundo lleno de objetos cromados, de seres viscosamente liminados, de virages térmicos, de sabores desapacibles, de diafanidad porfiosa y lo que más temía, de dolor vehemente. Al final, el extraño ser decidió no salir de su habitáculo porque acababa de conocer el miedo. Sin embargo, el habitáculo se había tersado al límite y su propio tamaño ya no le permitía permanecer ahí por más tiempo. La sustancia que recubría las oquedades y que se ligaba a su cuerpo empezó a disminuir, fluyendo al exterior; la puerta de salida hizo el sutil amago de abrirse y el ser advirtió un agudo dolor en la zona superior. Diversas contracciones lo empujaban hacia fuera con dificultad debido a la resistencia que oponía por aferrarse al interior; cuando la fuerza exterior fue mayor que la opositora, la cabeza del ser empezó a abrirse camino, y con ello aumentaron los sollozos extranjeros.

El bebé salió, no sin escollo, para él y para la madre y con el proceso experimentó el mayor de los traumas que un ser humano puede sufrir, el de nacer, ser y existir, programando su contador mental a cero para permitirle ascender en la pirámide de la dialéctica.

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16 comentarios en “El principio del final

  1. Diosss!!!cuando lo empiezas aleer confunde un poco,xro luego al saber el final esta perfectamente detallado!!!muy xro ke muy xulo vic!!! Te felicitooooo!!bbbb
    An x cierto todabias espero el relato kete pedii……..bssss

  2. Victor!! Me ha encantado guapo! Me he dedicado unos minutos de mi ajetreado día a leer tu relato…. de verdad, que tienes una forma de describir tan minuciosa, que por un momento me he puesto en la piel del personaje. Enhorabuena!! Y a seguir con tus relatos que enganchan! Un abrazo desde Barcelona!

  3. Desde el principio he percibido la profundidad de tu relato,me ha transportado a los origenes del ser humano y por supuesto me ha devuelto a la maravillosa experiencia de traer un bebe al mundo, sin lugar a dudas es la experiencia mas traumatica de nuestra vida pero la mas maravillosa tambien, sigue escribiendo , necesitamos muchos relatos para encarar el dia a dia,hoy me siento triste ya que se me ha ido mi media naranja a trabajar a Chile y al leer tu relato me he olvidado de mi propia realidad, besos guapo

    • ¡Hala! No sabía nada de tu amorcito. Lo siento mucho pero supongo que lo ha hecho para que todo vaya mejor. Me alegra muchísimo ver que a alguien le sirven mis relatos, aunque sea para evadirse un rato de la vida real. Muchísimas gracias Gabi.

  4. Me ha gustado, sobretodo el ritmo que pones a las frases y la cadencia que llevan.
    Empiezo a pillarte el rollo al escribir y en el segundo párrafo ya me imaginaba por dónde ibas 😛 , pero aún así seguía con ganas de terminarlo.

    • Jaja no sé si es bueno o malo 😉 lo curioso es que cuando escribo poesía o por ejemplo, ahora que estoy con una novela, es algo totalmente distinto, todavía necesito romper en relato corto, me resulta muy difícil. Muchas gracias!

  5. ‘Paritorio’ es francés es ‘salle de naissance’… En Traductología esta técnica se llama ‘modulación’, cambio de punto de vista. ‘Existir’ es obligatorio. Pues eso: “nadie eligió nacer”. Muy bien descrito. ¡Felicidades por tu retoño! Isa

  6. Creo que desde el principio se sabe que el relato está escrito desde el punto de vista del feto. Sin embargo mola porque así eres capaz de meterte en la piel del feto desde el principio y centrarte en el verdadero tema del texto, la idea de existir.

    Sigue así Victor.

  7. Me ha encantado Víctor, coincido con Lorena, se sabe el punto de vista, y es el acierto de esa primera frase con la que arrancas, creo que me ha ayudado a disfrutar de tus palabras. No sé si será porque estoy en época de estudio y veo filosofía en todas partes, pero ese final dialéctico y el ascender me ha recordado a Platón y su bien supremo y me has avivado esa búsqueda interna que todos tenemos.
    ¡Un saludo! 🙂

  8. creo que tu imajinacion es prodigiosa y que tu creatividad aun mas espero que sigas pariendo arte. Me ha encantado siempre me he preguntado y mas aun cuando estaba embarazada ¿que siente un bebe cuando esta en el vientre de su madre? muy original

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